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Ella, como último acto de amor, le dio un empujón cariñoso para animarlo a emprender ese camino lejos de ella, ese nueva senda que al parecer él ahora necesita para vivir, pues junto a ella se sentía morir poco a poco cada día, más o menos, esas fueron las palabras que más tarde ella recordaría.

Él la vio alejarse rápidamente, sintiendo los latidos furiosos del corazón resonando en su cabeza, a medida que la silueta de ella recortada sobre el cielo disminuía de tamaño a toda velocidad. Cómo en una película los momentos compartidos pasaron precipitadamente frente a sus ojos, mientras caía, antes del impacto contra los adoquines de la calle, una ultima sonrisa le iluminó el rostro recordando las palabras de ella al despedirse, apenas unos segundos antes: “te amaré siempre, hasta que la muerte nos separe”

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